El collar de la reina

El collar de la reina

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Capítulo XXI

Habíamos dejado a Juana de la Motte en la puerta del palacio, siguiendo con la mirada el carruaje de la reina, que desaparecía con rapidez.

Cuando ya no lo vio ni oía el ruido de las ruedas, Juana subió a su coche y se fue a su casa para coger un dominó y otra máscara y ver si había alguna novedad en su domicilio.

Madame de la Motte se prometía para esta maravillosa noche una renovación de las emociones del día. Había resuelto «hacerse la valiente», según la vulgar expresión, lo que quería decir que iría sola a disfrutar de las delicias de lo imprevisto.

Pero un contratiempo la esperaba al dar el primer paso en este camino tan seductor para las imaginaciones vivas y que han vivido muchos años reprimidas. En la portería la esperaba un doméstico del príncipe de Rohan, entregándole, de parte de Su Eminencia, un billete que decía:

Señora condesa: no habréis olvidado que tenemos asuntos pendientes. Quizá no tengáis mucha memoria, pero yo nunca olvido lo que me interesa.

Tengo el honor de esperaros donde mi servidor os conducirá si no os oponéis.

Firmaba con la cruz pastoral.


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