El collar de la reina
El collar de la reina Beausire había seguido al pie de la letra el consejo del dominó azul, y regresó a lo que llamaba su academia.
El digno amigo de Olive, impresionado por la enorme cifra de dos millones, consideraba todavía la exclusión que sus colegas habían hecho de él en la velada, no haciéndole partícipe de un plan tan ventajoso. Sabía que entre las gentes de la academia no se peca siempre de escrúpulos, y era una razón para apresurarse el que los ausentes, saliendo siempre perjudicados cuando se ausentan por azar, eran más perjudicados todavía cuando se aprovechaban de su ausencia.
Beausire tenía entre los socios de la academia una reputación de hombre terrible. Esto no era asombroso ni difícil. Beausire había sido exempt[57], había llevado uniforme, sabía ponerse una mano sobre la cadera y con la otra sostener en guardia la espada. Tenía por costumbre, a la menor palabra, hundirse el sombrero hasta los ojos, y todo eso, para gentes mediocremente valientes, resulta terrible, sobre todo si temen a exponerse a un duelo y a la curiosidad de la justicia.
