El collar de la reina
El collar de la reina Entonces, el señor embajador consintió en examinar el collar con todo detalle.
Boehmer mostró cada pieza e hizo resaltar la menor de sus perfecciones.
—Sobre el conjunto de estas piedras —dijo Beausire, a quien Su Excelencia acababa de hablar en portugués—, el señor embajador no tiene nada que objetar; el conjunto es satisfactorio. En cuanto a los diamantes, ya no es lo mismo. Su Excelencia ha notado que hay diez un poco imperfectos.
—Oh… —dijo Boehmer—. Su Excelencia…
—Su Excelencia —interrumpió Beausire— es mejor conocedor que vos en diamantes; los nobles portugueses jugaban con diamantes en el Brasil como aquà los niños con el vidrio.
En efecto, el embajador puso el dedo sobre varios diamantes, uno después de otro, e hizo notar con admirable seguridad sus imperceptibles defectos y que quizá un conocedor no habrÃa descubierto.
—Sin embargo, este collar —dijo Boehmer, un poco sorprendido al ver a un tan gran señor convertido en un sagaz joyero—, tal como lo ve, es la más bella reunión de diamantes que hay en este momento en toda Europa.
—Eso es verdad —repuso el embajador al traducirle Beausire lo que acababa de decir Boehmer.