El collar de la reina
El collar de la reina Mientras estos acontecimientos ocurrÃan en ParÃs y en Versalles, el rey, tranquilo como de costumbre, pues sabÃa que sus flotas habÃan alcanzado la victoria y que el invierno ya finalizaba, planeaba en su gabinete, entre documentos, cartas y mapamundis, nuevos proyectos, dispuesto a abrir en los mares nuevos surcos a los barcos de De la Perouse.
Un ligero golpe en la puerta le devolvió a la realidad.
—¿Puedo entrar, hermano?
—El conde de Provenza, el inoportuno —gruñó el rey, dejando un libro de astronomÃa abierto, cuyas láminas habÃa repasado. Y en voz alta—: Adelante.
Un personaje gordinflón, bajo, colorado y de viva mirada, entró con aire demasiado respetuoso para un hermano y demasiado familiar para un súbdito.
—¿No me esperabais?
—Pues no.
—¿Os molesto?
—No, ¿tenéis algo interesante que decirme?
—Un rumor tan divertido, tan grotesco…
—SÃ, murmuraciones.
—Justo.
—¿Y os ha divertido?
—SÃ, por su rareza.