El collar de la reina
El collar de la reina De Crosne, que era un hombre muy cortés, estaba terriblemente confuso después de la explicación del rey y de la reina.
No era una pequeña dificultad para el perfecto conocimiento de los secretos de una mujer, sobre todo cuando esa mujer era la reina, y se tiene la misión de salvaguardar los intereses de una corona y el cuidado de un nombre.
De Crosne sentÃa que estaba a punto de sufrir el peso de la cólera de una mujer y la indignación de una soberana, pero se habÃa parapetado valientemente en su deber, y su cortesÃa debÃa servirle de coraza para amortiguar los primeros golpes.
Entró apaciblemente, con la sonrisa en los labios.
La reina, en cambio, no sonreÃa.
—Veamos, monsieur de Crosne —dijo—, ha llegado el momento de las explicaciones.
—Estoy a las órdenes de Vuestra Majestad.
—Vos debéis saber la causa de lo que me sucede, señor lugarteniente de policÃa.
De Crosne miró en torno con cierta desazón.
—No os inquietéis —prosiguió la reina—; conocéis perfectamente a estas damas; en realidad, conocéis a todo el mundo.
