El collar de la reina
El collar de la reina Juana de la Motte habÃa regresado a su sitio, humildemente apartada de todos, de pie y atenta, como una mujer a la que se le ha permitido seguir allà y escuchar.
Boehmer y Bossange, con traje de ceremonia, acudieron a la audiencia de la soberana. Y multiplicaron sus saludos hasta llegar al sillón de MarÃa Antonieta.
—Los joyeros —dijo ella— no vienen aquà más que para hablar de joyas. Mal momento, señores.
Boehmer tomó la palabra, pues era el orador de la sociedad.
—Madame, nosotros no venimos a ofrecer mercancÃa a Vuestra Majestad; temerÃamos ser indiscretos.
—Oh… —dijo la reina, la cual se arrepentÃa ya de su crudeza—. Ver joyas no es comprarlas.
—Sin duda, madame —continuó Boehmer, comprendiendo el significado de su frase—, pero nosotros venimos ahora para cumplir un deber.
—¿Un deber? —preguntó la reina, con extrañeza.
—Se trata una vez más de ese bello collar de diamantes que Vuestra Majestad no se ha dignado aceptar.
—SÃ, el collar… Otra vez este asunto —exclamó MarÃa Antonieta, riendo—. La verdad es que era muy hermoso, monsieur Boehmer.
