El collar de la reina
El collar de la reina Don Manoel, De Souza para el caso, estaba menos amarillo que de costumbre, es decir, estaba más colorado. Acababa de tener con el señor comendador, su ayuda de cámara, una penosa explicación, y no habÃa terminado todavÃa. Cuando llegó Beausire, los dos gallos se arrancaban las últimas plumas.
—Veamos, monsieur Beausire —dijo el comendador—, ponednos de acuerdo.
—¿En qué? —preguntó el secretario, adoptando una actitud de arbitro después de cambiar una mirada con el embajador, su aliado natural.
—Vos sabéis —dijo el ayuda de cámara— que Boehmer debe venir hoy a concluir el asunto del collar.
—Lo sé.
—Y que debe contar con sus cien mil libras.
—También lo sé.
—Estas cien mil libras son propiedad de la asociación, ¿no es as�
—¿Quién lo duda?
—Beausire me da la razón —dijo el comendador, volviéndose hacia el embajador.
—Esperemos, esperemos —dijo el portugués, con un ademán apaciguador.