El collar de la reina

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Capítulo XLIV

Si el suizo de la embajada hubiera corrido detrás de Beausire, como le había mandado monsieur de Souza, convengamos que habría tenido que hacer un gran esfuerzo.

Beausire, apenas fuera del antro, había llegado al trote a la calle Coquilliere y a galope a la calle de Saint-Honoré.

Siempre con el recelo de que le perseguían, había atravesado las tortuosas calles que rodean el mercado del trigo, y al cabo de algunos minutos estaba casi seguro de que nadie le había seguido; también estaba seguro de una cosa, y era la de que sus fuerzas se habían agotado y que ni un buen caballo lo habría hecho mejor.

Beausire se sentó sobre un saco de trigo, en la calle de Viarmes, a la espalda del mercado y fingió que consideraba con la más viva atención la columna de los Médicis, que Bachaumont había comprado para arrancarla a la piqueta de los demoledores y ofrecerla a la ciudad[70].


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