El collar de la reina
El collar de la reina De Cagliostro llegó solo a esta antigua casa de la calle Saint-Claude, la cual nuestros lectores no habrán olvidado. La noche caía como si se detuviera frente a la puerta, y no se veían más que algunos raros transeúntes a lo largo del bulevar.
Los cascos de un caballo que resonaban en la calle Saint-Louis, una ventana que se cerraba con un gemido de las viejas cerraduras, el chirriar de los goznes de la puerta cochera tras el retorno del dueño del palacio vecino… Estas eran a esa hora las únicas señales de vida del distrito.
Un perro ladraba, o más bien aullaba, en el pequeño cercado del convento, y una ráfaga de viento tibio llevaba hasta la calle Saint-Claude los tres melancólicos cuartos que acababan de sonar en el reloj de Saint-Paul.
Eran las nueve menos cuarto.