El collar de la reina
El collar de la reina El prÃncipe Luis de Rohan miraba asombrado a su huésped.
—Pues bien —dijo este—; ahora que hemos renovado nuestro conocimiento, hablemos si gustáis, monseñor.
—Sà —respondió el prelado reponiéndose paulatinamente—; hablemos de esa devolución que… que…
—Que mencionaba en mi carta, ¿verdad? Vuestra Eminencia tiene prisa por saber…
—Era un pretexto, según presumo, ¿no es cierto?
—No, monseñor, en manera alguna; es una seria realidad, os lo aseguro. Se trata de una deuda que vale la pena porque asciende a quinientas mil libras…
—Cantidad que me prestasteis graciosamente —exclamó el cardenal, en cuyo rostro apareció una ligera palidez.
—En efecto, monseñor; que os presté. Y celebro comprobar que un gran prÃncipe como vos tiene tan buena memoria —dijo Bálsamo.
El cardenal, ante el rudo golpe notó que un sudor frÃo corrÃa por su frente.
—Creà por un momento —dijo, tratando de sonreÃr— que José Bálsamo, el hombre sobrenatural, se habÃa llevado la deuda al sepulcro como el fuego se llevó el recibo.