El collar de la reina
El collar de la reina Cuando Charny volvió a su casa, abatido por semejante desventura, no halló fuerzas para hacer frente al nuevo golpe que le hería.
Dijérase que la Providencia le había llevado a Versalles, y proporcionado el precioso escondrijo para excitar sus celos y ponerle sobre las huellas de un crimen cometido por la reina despreciando la probidad conyugal, la dignidad real y la fidelidad amorosa.
No cabía duda qué el hombre así recibido por la soberana era un nuevo amante. Charny, en la fiebre de la noche, en el delirio de su desesperación, procuró en vano convencerse de que se trataba de un embajador y que la rosa era una prenda de convención secreta, destinada a reemplazar una carta que sería harto comprometedora. Nada pudo vencer la sospecha. No le quedaba sino examinar su propia conducta y preguntarse por qué ante semejante desgracia había quedado en situación completamente pasiva.