El collar de la reina
El collar de la reina La condesa había notado la turbación de Charny, la solicitud de la reina y el apresuramiento de ambos para entablar conversación.
Era más de lo que necesitaba una mujer de su temperamento para adivinar muchas cosas, y consideramos inútil añadir lo que todos habrán comprendido ya.
Tras el encuentro preparado por Cagliostro entre la señora de La Motte y Olive, la comedia de las tres últimas noches puede pasar sin comentarios.
Juana, que había entrado donde estaba la reina, escuchaba, observaba; quería adivinar en el semblante de María Antonieta las pruebas de lo que ella sospechaba.
Pero la reina, desde poco tiempo atrás se había acostumbrado a desconfiar de todo el mundo. No dejó traslucir nada, y la señora de La Motte quedó reducida al terreno de las conjeturas.
Había ordenado ya a uno de sus lacayos que siguiese al señor de Charny. El criado volvió para anunciarle que el señor conde acababa de entrar en una casa que estaba al final del parque, cerca de los setos.
«No hay duda», —pensó Juana—, «este hombre es un enamorado que lo ha visto todo».
Oyó que la reina decía a la señora de Misery:
—Me siento muy débil, querida Misery y esta noche me acostaré a las ocho.