El Conde de Montecristo

El Conde de Montecristo

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La joven griega vivía, como hemos dicho, en un apartamento totalmente separado de los aposentos del conde. Ese apartamento, completamente amueblado a la manera oriental, es decir, que los suelos estaban cubiertos de espesas alfombras de Turquía, que ricas telas de brocado colgaban de las paredes y que, en cada estancia, un amplio diván se extendía por todo alrededor con un montón de cojines que podían colocarse a gusto de quienes los usaban.

Haydée tenía tres doncellas francesas y una doncella griega. Las tres mujeres francesas estaban siempre en la primera estancia, dispuestas a acudir de inmediato al sonido de una pequeña campanilla de oro y a obedecer las órdenes de la esclava romaica, la cual sabía el suficiente francés como para transmitir los deseos de su señora a las tres doncellas, a quienes Montecristo había recomendado que prodigaran a Haydée las atenciones que tendrían con una reina.







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