El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo —¿Qué decide usted, señor? —preguntó el notario a Villefort.
—Nada, señor; es una resolución de mi padre y sé que mi padre no cambia de resolución. Me resigno. Esos novecientos mil francos saldrán de la familia para ir a enriquecer los hospitales; pero no cederé al capricho de un anciano, y obraré según mi conciencia.
Y Villefort se retiró con su mujer, dejando a su padre libre de testar como mejor entendiera.
El mismo dÃa se redactó el testamento; fueron a buscar a los testigos, fue aprobado por el anciano, se cerró en su presencia y se depositó en casa del señor Deschamps, notario de la familia.