El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo —Hora y media.
—¿Y regresó a casa?
—Directamente.
—Y bien, mi querido señor Bertuccio —dijo el conde—, si tengo que darle ahora algún consejo, es el de ir a ver si me encuentra ese pequeño terreno del que le he hablado, por NormandÃa.
Bertuccio saludó, y como sus deseos estaban en perfecta armonÃa con la orden recibida, partió de ParÃs aquella misma tarde.