El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo Danglars, pues, se había acostado a su hora y dormía tranquilamente.
Villefort, después de conseguir la carta del señor de Salvieux, besar a Renée en ambas mejillas, besar la mano de la señora de Saint-Méran y estrechar la del marqués, se alejaba en la silla de posta camino de Aix.
Dantès padre se moría de dolor y de inquietud.
En cuanto a Edmond, ya sabemos lo que había sido de él.