El Conde de Montecristo

El Conde de Montecristo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Los ojos del moribundo, fijos y llenos de espanto, no habían dejado de mirar hacia esa puerta por la que, instintivamente, adivinaba que le vendría la ayuda.

—¡Dese prisa, señor cura! ¡Dese prisa! —dijo—. Creo que me voy a desmayar otra vez.

Montecristo se acercó y le puso sobre los labios, ya violáceos, tres o cuatro gotas del licor del frasco.

Caderousse dio un suspiro.

—¡Oh! —dijo—. Es vida lo que me ha dado; más…, más…

—Dos gotas más le matarían —respondió el abate.

—¡Oh! Que venga alguien a quien yo pueda denunciar a ese miserable.

—¿Quiere que escriba yo su declaración? Usted la firmará.

—Sí…, sí… —dijo Caderousse, cuyos ojos brillaban ante la idea de esa venganza póstuma.

Montecristo escribió:

Muero asesinado por el corso Benedetto, mi compañero de cadena en Toulon, que llevaba el n.º 59.

—¡Dese prisa! ¡Dese prisa! —dijo Caderousse—. Si no, ya no podré firmar.

Montecristo le dio la pluma, Caderousse hizo acopio de todas sus fuerzas, firmó y cayó sobre la cama diciendo:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker