El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo Así pues, ese terrible secreto que Beauchamp había enterrado con tanta generosidad, reaparecía como un fantasma armado, y otro periódico, cruelmente informado, había publicado, a los dos días de la salida de Albert hacia Normandía, las pocas líneas que por poco vuelven loco al desgraciado joven.