El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo El cementerio de Père-Lachaise
El señor de Boville, en efecto, se habÃa cruzado con la comitiva fúnebre que conducÃa a Valentine a su última morada.
El tiempo estaba sombrÃo y nuboso; un viento tibio aún, pero ya mortal para las hojas secas, las iba arrancando poco a poco de las ramas que se iban quedando despobladas y las hacÃa revolotear entre el inmenso gentÃo que llenaba los bulevares.
El señor de Villefort, parisino de pura cepa, veÃa el cementerio Père-Lachaise como el único digno de recibir el despojo mortal de una familia parisina; los otros le parecÃan cementerios campestres, hoteles llenos de muerte. En Père-Lachaise solamente un difunto de buena compañÃa podÃa alojarse allà como en su casa.
HabÃa comprado, como hemos visto, la concesión a perpetuidad sobre la que se elevaba el panteón que se veÃa poblado tan prontamente por todos los miembros de su primera familia.
En el frontal del mausoleo se leÃa: FAMILIA SAINT-MÉRAN Y VILLEFORT; pues asà habÃa sido el último deseo de la pobre Renée, madre de Valentine.
