El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo —No, para esperarme… prepárate, pues, para venir a reunirte conmigo a los Champs-Elysées, y arréglatelas ahora para que yo salga sin que me vean.
Maximilien bajó la cabeza, y obedeció como un niño o como un apóstol.