El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo —Y usted, aquí tiene su pollo.
Danglars trinchó el pollo suspirando: le pareció demasiado delgado para una suma tan gorda.
En cuanto a Peppino, leyó atentamente el papel, lo metió en un bolsillo y continuó comiendo su guiso de garbanzos con tocino.