El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo Al cabo de un año el gobernador fue trasladado: había obtenido la dirección del fuerte de Ham; se llevó con él a varios de sus subordinados, entre otros al carcelero de Dantès. Llegó un nuevo gobernador; como era demasiado largo para él aprenderse los nombres de los presos, solamente los citaba por números. Este horrible hotel amueblado se componía de cincuenta habitaciones; sus ocupantes eran nombrados solamente por el número de la celda que ocupaban, y el desgraciado joven dejó de llamarse de nombre Edmond y de apellido Dantès, para llamarse preso número 34.