El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo Entonces, la porción de tierra sobre la que Dantès, medio perdido en el agujero, apoyaba las manos, pareció ceder; se echó hacia atrás mientras que una masa de tierra y de piedras desprendidas caÃa por el hueco que acababa de abrirse por debajo del que él mismo habÃa hecho; entonces, en el fondo de ese agujero oscuro y de una profundidad que no alcanzaba a medir, vio surgir una cabeza, unos hombros y finalmente un hombre completo que salió con bastante agilidad de la excavación practicada.