El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo —Pero —preguntó Dantès dudando—, ese tesoro, ¿es que no queda algún dueño más legÃtimo que nosotros?
—No, no, tranquilÃcese, la familia se ha extinguido completamente; además, el último conde de Spada me declaró su heredero; al legarme el simbólico breviario, me legó todo lo que contenÃa; no, no, tranquilÃcese: si conseguimos esa fortuna, podremos disfrutarla sin remordimientos.
—Y dice usted que ese tesoro consiste en…
—Dos millones de escudos romanos, unos trece millones en nuestra moneda.
—¡Imposible! —dijo Dantès espantado por la enormidad de la suma.
—¡Imposible! ¿Por qué? —repuso el anciano—. La familia Spada era una de las más antiguas y de las más poderosas familias del siglo XV. Además, en aquellos tiempos, en los que cualquier especulación y cualquier industria eran inexistentes, esos tesoros en oro y en joyas no eran raros, todavÃa hoy hay familias romanas que mueren de hambre junto a un millón en diamantes y en piedras preciosas transmitidas por mayorazgo y a las que no pueden acceder.
Edmond creÃa soñar: flotaba entre la incredulidad y la alegrÃa.