El Conde de Montecristo

El Conde de Montecristo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Los dos jóvenes miraron con asombro a ese hombre, de frente severa, sobre cuyas mejillas rodaban dos gruesas lágrimas sin que su rostro se inmutase. Pero como todo dolor lleva consigo su liturgia, los jóvenes no preguntaron nada al desconocido; solamente se retiraron un poco para dejarle llorar tranquilo, y cuando salió de la habitación le acompañaron, diciéndole que podía volver cuando quisiera y que su pobre casa sería siempre hospitalaria.

Al pasar por el piso de abajo, Edmond se detuvo delante de una de las puertas y preguntó si el sastre Caderousse vivía aún ahí. Pero el portero le dijo que el hombre por el que preguntaba había hecho malos negocios y ahora llevaba una pequeña posada en la carretera de Bellegarde a Beaucaire.

Dantès bajó a la calle, pidió la dirección del propietario del inmueble de las Allées de Meilhan, se dirigió a su casa y se hizo anunciar con el nombre de lord Wilmore, era el nombre y el título que ostentaba en su pasaporte, y le compró la casa por la suma de veinticinco mil francos. Era, al menos, diez mil francos más de lo que valía. Pero Dantès, si le hubiera pedido medio millón, la hubiera pagado a ese precio.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker