El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo —Es la feria de Beaucaire; hay joyeros de ParÃs; voy a ir a enseñárselo. Tú, cuida de la casa, mujer; dentro de dos horas estaré de vuelta.
Caderousse salió escopetado de la casa, y se fue corriendo por el camino opuesto al que acababa de coger el desconocido.
«¡Cincuenta mil francos!», murmuró La Carconte cuando se quedó sola. «Es dinero…, pero no es una fortuna.»