El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo —Gracias —dijo este cerrando ruidosamente el libro de registro—. Ya tengo lo que necesito; ahora me toca a mà cumplir mi promesa. Hágame una simple transferencia de su crédito; reconozca en esa transferencia que ha recibido la suma que voy a pagarle.
Y cedió su sitio en la mesa al señor de Boville, que se sentó sin cumplidos y se apresuró a escribir la cesión indicada, mientras el inglés contaba los billetes de banco sobre el reborde del libro de registro.