El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo Italia. Simbad el Marino
A primeros del año 1838, se encontraban en Florencia dos jóvenes pertenecientes a la más elegante sociedad de París; uno, el vizconde Albert de Morcerf; el otro, el barón Franz d’Épinay. Ambos habían convenido que irían a pasar el carnaval de ese mismo año a Roma, donde Franz, que desde hacía casi cuatro años vivía en Italia, serviría de cicerone a Albert.
Ahora bien, como no es pequeño asunto eso de ir a pasar el carnaval a Roma, sobre todo si se trata de no dormir en la plaza del Pueblo o en el Campo-Vaccino, escribieron a maese Pastrini, propietario del hotel Londres, en la Piazza di Spagna, para rogarle que les reservara un apartamento confortable.
Maese Pastrini contestó que sólo tenía a su disposición dos habitaciones y un gabinete situado en el secondo piano, y que se lo ofrecía mediante la módica retribución de un luis por noche. Los jóvenes aceptaron; además, queriendo aprovechar el tiempo que le quedaba, Albert partió a Nápoles. En cuanto a Franz, él se quedó en Florencia.
