El Conde de Montecristo

El Conde de Montecristo

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Capítulo XXXVIII

La cita

Al día siguiente, al levantarse, la primera palabra de Albert fue para proponer a Franz que fueran a hacer una visita al conde; ya le había dado las gracias la víspera, pero comprendía que un favor como el que acababa de hacerle bien valía un segundo agradecimiento.

Franz, quien sentía una especie de atracción mezclada de terror hacia el conde de Montecristo, no quiso dejarle ir solo a los aposentos del conde, y le acompañó; ambos fueron conducidos al salón. Cinco minutos después, el conde apareció.

—Señor conde —le dijo Albert yendo a su encuentro—, permítame que le repita esta mañana lo que le dije no muy bien ayer; y es que nunca olvidaré en qué circunstancias vino usted en mi ayuda, y recordaré siempre que le debo la vida, o casi.

—Mi querido vecino —respondió el conde riendo—, exagera su deuda conmigo. Usted me debe un pequeño ahorro de unos veinte mil francos en su presupuesto de viaje, eso es todo; ya ve que no merece la pena hablar de ello. Por su parte —añadió—, reciba mi felicitación, estuvo usted adorable en soltura y despreocupación.


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