El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo La cita
Al dÃa siguiente, al levantarse, la primera palabra de Albert fue para proponer a Franz que fueran a hacer una visita al conde; ya le habÃa dado las gracias la vÃspera, pero comprendÃa que un favor como el que acababa de hacerle bien valÃa un segundo agradecimiento.
Franz, quien sentÃa una especie de atracción mezclada de terror hacia el conde de Montecristo, no quiso dejarle ir solo a los aposentos del conde, y le acompañó; ambos fueron conducidos al salón. Cinco minutos después, el conde apareció.
—Señor conde —le dijo Albert yendo a su encuentro—, permÃtame que le repita esta mañana lo que le dije no muy bien ayer; y es que nunca olvidaré en qué circunstancias vino usted en mi ayuda, y recordaré siempre que le debo la vida, o casi.
—Mi querido vecino —respondió el conde riendo—, exagera su deuda conmigo. Usted me debe un pequeño ahorro de unos veinte mil francos en su presupuesto de viaje, eso es todo; ya ve que no merece la pena hablar de ello. Por su parte —añadió—, reciba mi felicitación, estuvo usted adorable en soltura y despreocupación.
