El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo —¡Bueno! —dijo Danglars—. Las cosas van como las habÃa previsto: aquà estoy de capitán interino, y si este imbécil de Caderousse es capaz de callarse, capitán sin más. ¿Se puede dar el caso en el que la justicia suelte a Dantès? ¡Oh! Pero —añadió con una sonrisa—, la justicia es la justicia y en ella confÃo.
Y con estas, saltó a una barca dando la orden al barquero de conducirle a bordo del Pharaon, donde el armador, como sabemos, le habÃa citado.