El Tulipan Negro
El Tulipan Negro Lo que acababa de suceder era, como se supone, la obra diabólica de Mynheer Isaac Boxtel. Recordamos que con la ayuda de su telescopio, no había perdido un solo detalle de aquella entrevista de Corneille de Witt con su ahijado.
Recordamos que no había oído nada, pero que lo había visto todo.
Recordamos que había adivinado la importancia de los papeles confiados por el Ruart de Pulten a su ahijado, viendo a éste encerrar cuidadosamente el paquete a él entregado en el cajón donde guardaba las cebollas más preciosas.
Resultaba, pues, que cuando Boxtel, que seguía la política con mucha más atención que su vecino Cornelius, supo que Corneille de Witt había sido arrestado como culpable de alta traición hacia los Estados, pensó que, por su parte, no tendría probablemente más que decir una palabra para hacer arrestar también al ahijado.
Sin embargo, por feliz que se sintiera el corazón de Boxtel, tembló al principio ante la idea de denunciar a un hombre, máxime porque aquella denuncia podía conducirle al patíbulo. Pero lo terrible de las malas ideas, es que, poco a poco, los malos espíritus se familiarizan con ellas.
