El Tulipan Negro
El Tulipan Negro Aquella misma tarde, cuando traía la pitanza del prisionero, Gryphus, al abrir la puerta de la prisión, resbaló en el húmedo enlosado y trastabilló intentando sostenerse. Pero, apoyando la mano en falso, se rompió el brazo por encima de la muñeca.
Cornelius hizo un movimiento hacia el carcelero.
-No es nada -dijo Gryphus no dándose cuenta de la gravedad del accidente-. No os mováis.
Y quiso levantarse apoyándose sobre su brazo, pero el hueso se le dobló; solamente entonces sintió Gryphus el dolor y lanzó un grito.
Comprendió que tenía el brazo roto, y este hombre tan duro para los demás cayó desmayado sobre el umbral de la puerta, donde se quedó inerte y frío, parecido a un muerto.
Durante ese tiempo, la puerta de la prisión había permanecido abierta, y Cornelius se hallaba casi libre.
