El Tulipan Negro
El Tulipan Negro Cornelius no se limitó a esta confesión: dijo toda la verdad con respecto a sus simpatÃas, sus costumbres y sus familiaridades. Explicó su indiferencia en polÃticas, su amor por el estudio, por las artes, por las ciencias y por las flores. Contó que nunca, desde el dÃa en que Corneille habÃa venido a Dordrecht y le habÃa confiado aquel depósito, lo habÃa tocado ni incluso mirado.
Se le objetó que a ese respecto era imposible que dijera la verdad, ya que los papeles estaban encerrados justamente en un armario donde cada dÃa se hundÃan las manos y los ojos.
Cornelius respondió que eso era verdad, pero que él no metÃa la mano en el cajón más que para asegurarse de que sus cebollas estaban bien secas; y que solamente dirigÃa la mirada a él para asegurarse de si sus cebollas comenzaban a germinar.
Se le objetó que su pretendida indiferencia con respecto a ese depósito no podÃa sostenerse razonablemente, porque resultaba imposible que habiendo recibido semejantes documentos de mano de su padrino, no conociera su importancia.