El Tulipan Negro

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Capítulo 15 El postigo

Gryphus iba seguido del moloso.

Le hacía realizar su ronda para que cuando llegara la ocasión reconociera a los prisioneros.

-Padre mío, -dijo Rosa- aquí está la famosa celda de la que el señor De Grotius se evadió. ¿Recordáis al señor De Grotius?

-Sí, sí, ese bribón de De Grotius; un amigo de aquel bandido de Barneveldt al que vi ejecutar cuando yo era niño. ¡Ah! ¡Ah! Así que ésta es la celda de la que se evadió. Pues bien, yo respondo de que nadie se evadirá de ella jamás.

Y, abriendo la puerta, comenzó en la oscuridad su discurso al prisionero.

En cuanto al perro, se dirigió gruñendo a olfatear las pantorrillas de Van Baerle, como preguntándole con qué derecho no estaba muerto, él a quien había visto salir entre el escribano y el verdugo, camino del cadalso.

Pero la bella Rosa lo llamó, y el moloso acudió al lado de la muchacha.

-Señor -dijo Gryphus levantando su farol para tratar de proyectar un poco de luz alrededor de él-, ved en mí a vuestro nuevo carcelero. Soy jefe de los portallaves y tengo las celdas bajo mi vigilancia. No soy malo, pero sí inflexible en lo que concierne a la disciplina.


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