El Tulipan Negro

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Capítulo 18 El enamorado de Rosa

Apenas había pronunciado Rosa aquellas palabras de consuelo a Cornelius, cuando se oyó en la escalera una voz que pedía a Gryphus noticias de lo que ocurría.

-Padre mío -dijo Rosa-, ¿oís?

-¿Qué?

-El señor Jacob os llama. Está inquieto.

-Se ha hecho tanto ruido -exclamó Gryphus-. ¡Se hubiera dicho que este sabio me estaba asesinando! ¡Ah! ¡Cuánto daño proporcionan siempre los sabios!

Luego, señalando con el dedo la escalera a Rosa, ordenó:

-¡Caminad por delante, señorita! -y cerrando la puerta, acabó-: Ya voy con vos, amigo Jacob.

Y Gryphus salió, llevándose a Rosa y dejando en su soledad y en su amargo dolor al pobre Cornelius que murmuraba:

-¡Oh! Tú eres el que me has asesinado, viejo verdugo. ¡No sobreviviré a esto!

Y, en efecto, el pobre prisionero cayó enfermo sin ese contrapeso que la Providencia había puesto en su vida y que se llamaba Rosa.

Por la noche, regresó la joven.

Su primera palabra fue para anunciar a Cornelius que de allí en adelante su padre no se oponía a que él cultivara flores.


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