El Tulipan Negro

El Tulipan Negro

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Capítulo 26 Un miembro de la sociedad hortícola

Desatinada, Rosa, casi loca de alegría y de temor ante la idea de que había hallado el tulipán negro, tomó el camino de la hospedería del Cisne Blanco, seguida siempre por su barquero, robusto muchacho de Frisia, capaz de enfrentarse por sí solo a diez Boxtels.

Durante el camino, el barquero había sido puesto al corriente, y no retrocedería ante la lucha, en el supuesto de que la lucha se empeñara; sólo que, llegado ese caso, tenía la orden de ocuparse del tulipán.

Pero al llegar a la Grote-Markt, Rosa se detuvo de repente; un pensamiento súbito acababa de sobrecogerla, al igual que a aquella Minerva de Homero, que agarraba a Aquiles por los cabellos en el momento en que la cólera iba a llevárselo.

«¡Dios mío! -murmuró-. ¡He cometido una falta enorme, tal vez haya perdido a Cornelius, al tulipán y a mí misma! He dado la alarma, he despertado sospechas. Yo no soy más que una mujer, esos hombres pueden coaligarse contra mí, y entonces estoy perdida. ¡Oh! ¡Que yo me pierda, no sería nada, pero Cornelius, el tulipán… !»

Meditó un momento.


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