El Tulipan Negro
El Tulipan Negro Ambos permanecieron quietos un instante, Gryphus a la ofensiva, Van Baerle a la defensiva.
Luego, como la situación podÃa prolongarse indefinidamente, Cornelius se interesó por las causas de este recrudecimiento en la cólera de su antagonista:
-¡Y bien! -preguntó-. ¿Qué más quieres todavÃa?
-Voy a decirte lo que quiero -respondió Gryphus-. Quiero que me devuelvas a mi hija Rosa.
-¡Tu hija! -exclamó Cornelius.
-¡SÃ, Rosa! Rosa a la que me has quitado con tu arte demonÃaco. Vamos, ¿quieres decirme dónde está?
Y la actitud de Gryphus se hizo cada vez más amenazante.
-¿Rosa no está en Loevestein? -se extrañó Cornelius.
-Tú lo sabes bien. Una vez más, ¿quieres devolverme a Rosa?
-Bueno -dijo Cornelius-, ésta es una trampa que me tiendes.
-Por última vez, ¿quieres decirme dónde está mi hija?
-¡Ah! AdivÃnalo, bribón, si es que no lo sabes.
