El Tulipan Negro
El Tulipan Negro Y al pronunciar estas palabras, el príncipe, para juzgar el efecto que las mismas producirían, paseó su clara mirada sobre los tres ángulos del triángulo.
Vio a Boxtel saltar de su grada.
Vio a Cornelius hacer un movimiento involuntario.
Vio finalmente al oficial encargado de velar por Rosa, conducirla o más bien empujarla delante de su trono.
Un doble grito partió a la vez de la derecha y de la izquierda del príncipe.
Boxtel fulminado, Cornelius desatinado, habían gritado: ¡Rosa! ¡Rosa!
-Este tulipán es realmente vuestro, ¿verdad, muchacha? -preguntó el príncipe.
-¡Sí, monseñor! -balbuceó Rosa, a la que un murmullo universal venía a saludarla en su tierna belleza.
«¡Oh! -murmuró Cornelius-. Ella mentía, pues, cuando decía que le habían robado esta flor. ¡Oh! ¡Por esto era por lo que había abandonado Loevestein! ¡Olvidado, traicionado por ella, por ella a quien creía mi mejor amiga!»
«¡Oh! -gimió Boxtel por su parte-. Estoy perdido!»