El Tulipan Negro

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Capítulo 6 El odio de un tulipanero

A partir de aquel momento, en lugar de una preocupación, Boxtel tuvo un temor. Lo que da vigor y nobleza a los esfuerzos del cuerpo y del espíritu, el cultivo de una idea favorita, lo perdió Boxtel rumiando todo el daño que iba a causarle la acción del vecino.

Van Baerle, como pueden imaginarse, desde el momento en que aplicó a esa idea la perfecta inteligencia con que la Naturaleza le había dotado, consiguió obtener los más bellos tulipanes. Mejor que los que se hallaban en Haarlem y en Leiden, ciudades que ofrecen los mejores terrenos y los climas más sanos, Cornelius consiguió variar los colores, modelar las formas, multiplicar las especies.

Pertenecía a aquella escuela ingeniosa y sencilla que tomó por divisa, desde el siglo XVII, este aforismo desarrollado en 1653 por uno de sus adeptos:

«Despreciar las flores es ofender a Dios.»

Premisa con la que la escuela tulipanera, la más exclusivista, enunció en 1653 el siguiente silogismo:

«Despreciar las flores es ofender a Dios.»

«Cuanto más bella es la flor, más al despreciarla se ofende a Dios.» «El tulipán es la más bella de todas las flores.»

«Por lo tanto, quien desprecia al tulipán ofende desmesuradamente a Dios.»


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