Georges
Georges Las carreras, como ya hemos dicho, no eran más que un episodio de las fiestas del segundo dÃa. Por ello, una vez terminadas las carreras, hacia las tres de la tarde, toda la variopinta muchedumbre que cubrÃa la pequeña montaña, se encaminó hacia la llanura Verte, mientras que los y las elegantes que habÃan asistido al deporte, tanto en coche como a caballo, regresaron a sus casas para comer y salir de nuevo, inmediatamente después de la comida, para presenciar los ejercicios de los lascares. Estos ejercicios consisten en una gimnasia simbólica compuesta por carreras, danzas y luchas, acompañadas de cantos discordantes y música bárbara que se mezclan, en el gentÃo, con el clamor de los vendedores negros que trafican por cuenta propia o por la de su amo, y que van gritando, unos: «¡Bananas, bananas!», otros: «¡Cañas, cañas!»; éstos: «¡Cuajada, cuajada, buena leche cuajada!»; aquéllos: «¡Kalou, kalou, buen kalou!»
Dichos ejercicios duran hasta las seis de la tarde, más o menos. Luego, a esa hora, comienza la pequeña procesión, asà llamada para distinguirla de la gran procesión del dÃa siguiente.
