Georges
Georges Todo cuanto aconteció durante los dos o tres dÃas que siguieron a la catástrofe que acabamos de relatar no dejó más que un vago recuerdo en la memoria de Georges; su mente, extraviada por el delirio, no guardaba más que vagas percepciones que no le permitÃan ni calcular el tiempo ni encadenar los acontecimientos entre sÃ. Pero una mañana se despertó como de un sueño agitado por horribles pesadillas y, al abrir los ojos, se dio cuenta de que se hallaba en la cárcel.
El cirujano mayor del regimiento destacado en Port-Louis estaba a su lado.
Mientras tanto, apelando a todos sus recuerdos, Georges habÃa conseguido recuperar en grandes bloques los acontecimientos sucedidos, como quien vislumbra entre la niebla lagos, montañas y bosques; todo se hacÃa presente en su mente hasta el momento en que habÃa sido herido. Tampoco su entrada en Moka y su marcha con su padre habÃan huido por completo de su memoria, pero a partir de la llegada a la selva, todo era vago, difuso, semejante a un sueño. Sin embargo, la realidad incontestable, positiva y fatal era que se hallaba en manos de sus enemigos.
Georges era demasiado orgulloso para hacer ninguna pregunta, demasiado altivo para pedir ningún favor. No pudo, pues, saber nada de lo ocurrido; entretanto, en el fondo de su corazón tenÃa dos terribles preocupaciones.
