Georges
Georges En la Isla de Francia es día de fiesta el día en que se avista un barco europeo con la intención de entrar en el puerto. En efecto, largo tiempo privados de la presencia materna, la mayoría de los habitantes de la colonia esperan impacientes cualquier noticia de los pueblos, familias u hombres de ultramar. Todo el mundo espera algo y, desde el primer momento en que lo distinguen, mantienen la mirada clavada en ese mensajero marítimo que les trae la carta de un amigo, el retrato de una amiga, o al mismo amigo o amiga en persona. Este barco, objeto de tantos deseos y fuente de tantas esperanzas, es la cadena efímera que une Europa con África, el puente flotante entre un mundo y el otro. Por todo ello, ninguna noticia se extiende tan rápidamente por toda la isla como ésta que surge desde el pico de la Découverte: «¡Barco a la vista!
Decimos desde el pico de la Découverte, porque, casi siempre, el navío, que precisa buscar el viento del este, pasa por delante del Grand-Port, sigue la costa durante una distancia de dos o tres leguas, dobla la punta de los Cuatro-Cocos, se interna entre la isla Plate y el Coin-de-Mire y varias horas después de franquear el paso aparece en la entrada de Port-Louis. Sus habitantes, que desde el día anterior están advertidos por las señales que han cruzado la isla anunciando la llegada del barco, se amontonan en el muelle para esperarlo.
