La Dama de las Camelias
La Dama de las Camelias Entonces no saben qué pruebas dar. Cuenta la fábula que un niño, después de haberse divertido mucho tiempo en un campo gritando: «¡Socorro!» para importunar a los trabajadores, un buen dÃa fue devorado por un oso, porque aquellos a quienes habÃa engañado con tanta frecuencia no creyeron aquella vez en los gritos verdaderos que lanzaba. Lo mismo ocurre con esas pobres chicas, cuando aman de verdad. Han mentido tantas veces, que nadie quiere creerlas, y en medio de sus remordimientos se ven devoradas por su propio amor.
De ahà esas grandes abnegaciones, esos austeros retiros de los que algunas han dado ejemplo.
Pero, cuando el hombre que inspira ese amor redentor tiene el alma lo suficientemente generosa para aceptarla sin acordarse del pasado, cuando se abandona a él, cuando ama en fin como es amado, ese hombre agota de golpe todas las emociones terrenales, y después de ese amor su corazón se cerrará a cualquier otro.
Estas reflexiones no se me ocurrieron la mañana en que volvÃa a mi casa. Entonces no hubieran podido ser más que el presentimiento de lo que iba a sucederme y, a pesar de mi amor por Marguerite, no vislumbraba yo semejantes consecuencias; se me ocurren hoy. Ahora que todo ha terminado irrevocablemente, se desprenden espontáneamente de lo que sucedió.