La Dama de las Camelias
La Dama de las Camelias Me parecÃa que el tren no avanzaba.
Llegué a Bougival a las once.
No habÃa iluminada ni una ventana de la casa, y llamé sin que nadie me respondiera.
Era la primera vez que me sucedÃa una cosa parecida. Al fin se presentó el jardinero. Entré.
Apareció Nanine con una luz. Llegué a la habitación de Marguerite.
—¿Dónde está la señora?
—La señora se ha ido a ParÃs —me respondió Nanine.
—¡A ParÃs!
—SÃ, señor.
—¿Cuándo?
—Una hora después que usted.
—¿Y no le ha dejado nada para m�
—Nada.
Nanine se retiró.
«Es capaz de haberse asustado —pensé— y haberse ido a ParÃs para cerciorarse de que la visita que le dije que iba a hacer a mi padre no era un pretexto para tener un dÃa de libertad».