Historia de una cortesana

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Estas demostraciones de admiración y entusiasmo adquirieron aún mayores proporciones en Londres. Nelson recibió en la gran capital el triunfo de Aboukir, de Nápoles y Malta, todo a la vez. A la noticia de su llegada, todos los navíos del Támesis izaron sus pabellones y banderolas. El pueblo inglés, enemigo de Francia, corrió, lleno de entusiasmo, al encuentro del destructor de la flota francesa. La gloria de Nelson había llegado a ser una especie de leyenda nacional; todo inglés, aparte el personal orgullo de ser compatriota de uno de los más ilustres marinos que han existido, creía deberle la tranquilidad de su hogar, el honor de su mujer, la prosperidad de su campo, la paz de su patria.

Nelson entró en Londres el 8 de noviembre, y se encaminó al hotel de Nèrot en Saint-James street.

Recuerdo que era un sábado.

Allí me esperaba un golpe terrible.

Hacía mucho tiempo que me preguntaba cómo se las compondría Nelson al llegar a Londres, cuando se encontrase entre lady Nelson y yo. Todo el mundo ensalzaba la conducta ejemplar de dicha señora. Nunca había yo abordado esta cuestión con Nelson. Con la injusticia natural que inspira una falsa posición, sentía en mi pecho el odio que profesaba a lady Nelson, y comprendía que, llegada la ocasión, me mostraría implacable con ella.


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