Historia de una cortesana

Historia de una cortesana

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XCIII

El día mismo de su llegada, el 8 de noviembre, milord hizo en el Almirantazgo una visita a lord Spencer, amigo suyo, y le expuso su deseo de dejar el servicio, alegando el motivo que ordinariamente se aduce en tales casos: el estado precario de salud.

Lord Spencer se limitó a sonreír, oyéndole expresarse en esta forma, e hizo votos para que recobrase la salud y consiguiese un segundo Aboukir.

El primero de enero de 1801 hubo una promoción, y Nelson se enteró de que era vicealmirante de la escuadra británica, lo cual equivalía, a la vez, a una recompensa y a un progreso. El mismo día, reconciliado con el mar y con la vida de peligros que le era familiar, trasladó su pabellón al San José, que se encontraba en Plymouth.

Mientras tanto, sentía acercarse el día de mi alumbramiento. Probablemente no transcurriría el mes de febrero sin que viniese al mundo el ser que con tanto afán y tantos sufrimientos venía yo ocultando al mundo. Obligada en la corte de Viena, en la residencia del príncipe Carlos, en Hamburgo, a presentarme constantemente en traje de etiqueta, había sufrido, durante el curso de mi embarazo, espasmos e indisposiciones que alarmaban mucho a sir Guillermo, quien no sospechaba nada, pues Nelson me mostró un día una carta en la que mi marido le decía:


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