Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Mi departamento se componÃa de tres pequeñas piezas, muy lindas que miraban al jardÃn y se encontraban a la altura ordinaria de un entresuelo. La del medio tenÃa un balcón que se prolongaba en forma de terrado, a la sombra de corpulentos árboles, de copioso y verde follaje. La hiedra y la vid lo tapizaban perennemente y daba vuelta hasta las ventanas de las otras piezas.
Su vista llenó mi corazón de regocijo. Me recordó la decoración del segundo acto de Romeo y Julieta. A media noche, bajo los rayos de la luna, envuelta en albo peinador, me creerÃa, asomada al balcón, que era Julieta, sin que nadie pudiese impedÃrmelo; solo me faltaba un Romeo.