Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Algunos de los que me escuchaban, no podÃan contener las lágrimas. Era un plan nuevo, atrevido, sencillo; y si se puede llevar a la práctica, la victoria es cierta: «¡Está usted rodeado de amigos que tienen absoluta confianza en su almirante!» decÃan todos los oficiales. Quizá haya algún Judas entre ellos; pero la mayorÃa se consideran dichosos de que yo los mande.
Acabo de recibir cartas de la reina y del rey de Nápoles, en contestación a las mÃas del 18 de junio y 12 de julio último. ¡Ni una palabra para ti! En verdad los dos, el Rey y la Reina, harÃan enrojecer de vergüenza a la misma ingratitud. He sacado copias de esas cartas para remitÃrtelas con la presente, que saldrá en la primera ocasión para Inglaterra, llevándote el testimonio de lo mucho que te amo.
Por ahora, nada puedo decir del pájaro; pero no hay que desesperar.
Mi cuerpo mutilado está aquÃ; mi corazón entero, contigo.
H. N.
El mismo dÃa 20 de septiembre en que tenÃa lugar la unión de Nelson con la flota de Collingwood, el almirante Villeneuve recibÃa de su gobierno orden de hacerse a la mar, pasar el estrecho, lanzar tropas sobre las costas de Nápoles, y, después de haber barrido el Mediterráneo de barcos ingleses, regresar al puerto de Tolón.