Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Mientras tanto, las dos flotas se iban aproximando la una a la otra.
En aquel momento solemne que precedió a uno de los encuentros más terribles que jamás hayan estremecido la superficie de los mares, cada uno de los dos almirantes arengó a sus respectivas dotaciones.
El jefe francés dijo:
«No hay que esperar las señales del almirante, las cuales, en la confusión del combate, pueden no ser vistas; pero cada uno debe escuchar la voz del honor y acudir allí donde mayor sea el peligro».
Del lado de los ingleses, todos los ojos estaban fijos en el buque almirante para leer el santo y seña, ya distribuido entre la tripulación de la escuadra unida.
Viose entonces cómo subían a lo alto del palo mayor del Victory un cartelón que contenía esta lacónica arenga: «England expects every man will do his duty!» (¡Inglaterra espera que cada uno cumpla con su deber!).
El ángel bueno de Nelson, la avecilla augural, no había parecido.
Y, ahora, que Dios me dé la suficiente fuerza para escribir lo que me queda por contar.
Era la una de la tarde y ambos beligerantes se encontraban a la altura del cabo de Trafalgar cuando se inició el fuego.
