Historia de una cortesana
Historia de una cortesana La representación no había terminado; después de la escena del balcón teníamos que representar la de la ventana; a la manifestación del deseo, debía suceder la expresión de la dicha.
Pretextando sentirme cansada, pedí que me excusasen de esta segunda parte; pero la excitación en que me encontraba decía a las claras que tenía más bien necesidad de movimiento que de reposo… Y cedí a los generales deseos.
Sir Harry y yo teníamos que aparecer juntos en el balcón, perdidos, ebrios de amor.
Entre aquellos improvisados bastidores, nos encontramos solos él y yo.
Se acercó a mí, rodeó mi cintura con su brazo, y, estrechándome sobre su pecho, murmuró:
—¡Al fin!
La sacudida fue eléctrica. Cerré los ojos, y, lanzando un débil grito, eché mi brazo alrededor de su cuello. No sé cómo fue: un hálito de fuego pasó por mis labios. No era, ciertamente, el primer beso que recibía Julieta, pero era el primero que le daba Romeo.
Creí que me desvanecía.
Sir Harry me empujó hacia la ventana. Hice un violento esfuerzo sobre mí misma, y recobré el imperio de mi voluntad; pero una noche de amor no me habría predispuesto mejor a la embriagante y a la par dolorosa despedida eterna de los amantes de Verona.
